El cierre de Fundidora y liquidación del derecho laboral colectivo*

fundidora-3x3-arte-monterrey-parque

fundidora-3x3-arte-monterrey-parque

Lylia Palacios

Este 9 de mayo, se cumplen 30 años de la declaración de quiebra y liquidación de Fundidora Monterrey. Con tal declaración, el Estado mexicano inició también la liquidación de los derechos individuales y colectivos de la amplia mayoría que vive del trabajo. Hoy imperan la precariedad y la vulnerabilidad laboral. La Ley Federal del Trabajo, reformada en 2012, ahora facilita la subcontratación y la informalidad, pone mayores trabas a los derechos de sindicalización y de huelga; pero no transparentó la turbia relación entre mafias sindicales, empresas y juntas de conciliación.

Tal vez, este imperio de la incertidumbre laboral y la competencia inclemente que aqueja a generaciones de egresados universitarios propició la reunión de un grupo de jóvenes, algunos con intereses académicos, otros dedicados al arte; para repreguntar al pasado sobre Fundidora. Ello significaba ampliar, recabando información con uno de los actores menos escuchados: los trabajadores, estigmatizados como responsables, del cierre de Fundidora. En un proceso interdisciplinario poco frecuente, en la ciudad de Monterrey, se fueron articulando encuentros, conocimiento y simpatías entre obreros, académicos y artistas, inaugurando el primer laboratorio, “Fundidora 3×3”: tres voces, tres décadas. Luego de seis meses con dificultades, altas y bajas, se logró construir una conversación a tres voces.

Estos jóvenes académicos y artistas constataron, como muchos estudiantes universitarios, en los años 70, entre ellos nosotros, que los obreros regiomontanos están muy lejos del mítico obrero de acero de la literatura rusa y pueden tener tantas fallas humanas como cualquier otra clase social. Escucharon, desde la primera reunión y en su propia voz, en la colonia Estancia minera, el anhelo de reivindicación; su reclamo por cargar, desde 30 años atrás, la responsabilidad del cierre de la fábrica por “revoltosos, improductivos, sindicalistas, flojos”.

La construcción de dicha opinión pública fue obra mediática, una campaña de medios, prensa y TV que ignoró, porque así les interesaba, el contexto de crisis nacional y el despunte neoliberal en el mundo; minimizó el peso del enorme endeudamiento de Fundidora, el cual, fue acumulándose con la administración privada que duró hasta 1977 y omitió las duras y riesgosa condiciones del trabajo metalúrgico y siderúrgico. De esa manera quedaron aislados los trabajadores, quienes habían logrado un alto nivel de organización gremial y seguían luchando por un sindicalismo más representativo.

El éxito local del enjuiciamiento mediático consistió en confrontar, a esa figura obrera colectiva, con el discurso social hegemónico que glorifica la laboriosidad obrera, con sumisión al patrón y superponiendo el interés individual sobre el interés colectivo; elementos característicos de la regiomontana “cultura de trabajo”, con fragua empresarial centenaria.

Este 8 de mayo de 2016, a 30 años del de 1986, la Fundidora volvió a ser ocupada, por primera vez en todos esos años, por los obreros y sus familias, ahora no fueron excluidos de la película. Vimos, este 8 de mayo, a una clase orgullosa de sus raíces metalúrgicas. Allí en la Escuela Adolfo Prieto, varios recordaron sus años de primaria, su trabajo que permitió darles casa, salud, educación y recreación a su familia, ¿no es para lo que sirve el trabajo, según la Constitución de este país?

Sabemos que nada les fue gratuito a estos obreros metalúrgicos, ganaron prerrogativas laborales a cambio de enriquecer a una empresa, por 86 años, primero privada y luego paraestatal; de luchas internas, para tener un sindicato que los representara, asimismo, por una contratación colectiva que asegurara mínima equidad en el reparto de la riqueza producida.

Este 8 de mayo no hubo lamentos ni victimización y sí convivencia entre familias obreras. Varias generaciones de luchadores sociales, jóvenes de diversas procedencias y público convocado se unieron a la celebración. En un ambiente festivo se presentaron trabajos realizados por equipos integrados por los obreros, académicos y artistas: conversatorios, documentales, construcciones musicales, obras producidas por los mismos creadores, luego de que Conarte retiró el apoyo institucional, comprometido desde el año pasado, cuando se proyectó la propuesta.

Así se vivió el 30 aniversario de la liquidación de la emblemática fábrica de fundición. Refrendo, como seguramente otros lo harán, la convicción de que por ningún motivo deben aceptarse como “privilegio” de pocos, los derechos laborales, sociales y humanos que pertenecen a todos. Los jóvenes repreguntaron en esta ocasión a la historia y confío en que su presente tendrá otras explicaciones, no sólo del emprendedurismo, para el éxito o fracaso individual. Sigue manteniendo vigencia y urgencia, la demanda por un espacio en el parque Fundidora, para el Museo del Trabajo.

 

*Texto publicado originalmente en la columna semanal de Académicos Monterrey 43 del 11 de mayo de 2016.
Contacto: https://www.facebook.com/Academicxs-de-Monterrey-43-381804451984728/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *